Bueno, pues fuimos a Río Lobos… ¡Y volvimos!

Parecía que se nos iban a torcer los planes. Y sí, pasaron cositas. Salimos de Palencia el sábado 2 de Abril César, Javi, Lucía, Paco y Jesús, con el coche de César.

La primera cosa rara de la salida es que habíamos pedido pedido el permiso al parque el jueves, después de decidirlo en la reunión, y como había poco tiempo para la respuesta, decidí llamar a Medio Ambiente de Soria, donde me dijeron que no daban permisos porque el funcionario que los tramita estaba de baja. Pero que podíamos ir «bajo nuestra responsabilidad», y sin que ellos pudieran poner medidas para el Covid (¿¿¿???).

La idea era ir al Carlista, porque Lucía tenía ganas de practicar después de ir al curso de instalación de la federación Cántabra la semana anterior, y para eso ya sabéis que el Carlista da mucho juego: muchos anclajes y vía doble paralela, con la que podríamos ir supervisando tanto su instalación como lo que hiciese Paco, que venía por primera vez a una sima, después de haber aprendido en Cañuela y Coventosa.

La primera en la frente: llegamos a la boca del Carlista y había 3 furgos con un  montón de gente de la Federación Madrileña, con un curso. Se ve que habían llegado hace nada, pero no era plan de mezclarnos con ellos. Así que nos toca buscar otra alternativa. Afortunadamente, habíamos previsto esta situación y llevábamos chapas (en Carlista no hacen falta más que mosquetones, porque toda la instalación está con químicos).

Un rato de debate, de llamadas de consulta para ver cómo está el tema de los gases, y decidimos volver a la MZ21, porque es, de las que estamos barajando, la que nos queda más cerca. Ya estuvimos el año pasado con Manuel, Guerri y Bola, así que la conocemos bien. Aquí os dejo el enlace a la reseña, para los que no la conozcáis.

Encontramos la boca a la primera, sin track. Bueno… lo teníamos bastante reciente. Preparamos las cosas y Lucía se pertrecha para instalarla hasta abajo. Le comento un poco cómo es, el tema de la ventana y el péndulo que hay que hacer para bajar por el pozo bueno y no quedarse en el falso, como nos pasó la vez pasada. Eran las 12 cuando empezó a instalar.

Lucía aproximándose a la cabecera del pozo principal
Lucía instalando la cabecera. ¡Como si lo hubiera hecho toda la vida!
Paco bajando el primer pozo

Vamos bajando todos sin problema. Yo me quedo el último, cerca de Paco, para ir supervisando que vaya pasando bien los fraccionamientos. Y llegamos al fondo relativamente rápido. Vamos comentando la jugada de la instalación sobre la marcha.

El segundo tramo, hasta la ventana, es completamente aéreo y toca hacer un pequeño péndulo para acceder al pozo por el que se continúa

La galería en el fondo no tiene gran cosa. Es básicamente una diaclasa, de no más de 1 m. de ancho, que tira hacia los dos lados. Por uno se cierra enseguida y por el otro tira un poco más, haciendo un par de salitas. No hay mucho que ver. Estábamos comentando que a lo mejor se notaba un poco de falta de O2. Unos amigos de Lucía le habían dicho que habían estado hace poco y sí que parecía notarse algo así. Por lo que vimos nosotros, si faltaba era muy poquito. Un poco de sofoco, muy ligero, en cuanto hacías algún esfuerzo.

Así que como no había mucho que ver y hacía fresco (se notaba corriente de aire en todo el recorrido), mientras Javi, Paco y Lucía trasteaban un poco, me fui subiendo. César detrás de mí, luego Paco, Lucía, y Javi desinstalando. Yo esperé en la ventana a que llegase César y que Paco estuviese cerca, para comprobar que todo iba bien y se iba manejando en el paso de los fraccionamientos. Bueno… digamos que no se llevaba muy bien con la apertura del croll… Premonitorio.

En la ventana, presintiendo algo, le dije a César que subiese él, para ir yo cerca de Paco. Pero me dijo que prefería descansar un poco y que fuera subiendo yo. Un pozo muy chulo el de la entrada, con un primer tramo en volado y todo lleno de musgo, iluminado con la luz exterior. Eran las 5 cuando estaba ya en el coche.

Al cabo de un rato, con todo recogido, llega César. Y después de cambiarnos, de picar algo y de pasar algo de frío, porque estaba nevando por momentos, damos unas voces dentro, porque veíamos que Paco no llegaba. Yo pensaba que era simplemente porque venía despacio. Desde la boca no se ve el primer fraccionamiento, unos 18 m. más abajo. Así varias veces, hasta que de repente, en una de esas, oigo a Paco decir «ayudaaaaaaaaa», y a Javi desde la ventana gritando «emergencia». Yo ya estaba cambiado, pero sin ponerme el mono ni las botas, con la ropa de la calle, me puse el equipo, me cogí una cuerda y monté una vía paralela para llegar hasta Paco, que estaba colgado en el fraccionamiento sin poder seguir.

César subiendo los primeros tramos del pozo

Cuando llegué la situación era la siguiente: César había recomendado a Paco (porque a él le había sido más práctico) pasar el puño antes que el croll. Y Paco al pasar el fraccionamiento pasó el puño a la cuerda superior y siguió avanzando con el croll, porque no era capaz de quitárselo y cada vez que se superaba para abrirlo, se acercaba un poco más al nudo. Hasta que llegó a hacer casi tope con el nudo. No es un fraccionamiento fácil. No hay apoyo, es casi volado. Así que ahí estaba, con sus dos cabos puestos en el anclaje, y el croll pegado al nudo.

Enseguida ví la jugada: contrapesarle para desbloquear su croll. Monté su puño por encima de los dos, cogí el sobrante de mi cuerda, hice un nudo en la punta, y con un mosquetón la anclé al agujero superior de su croll. Luego la pasé por mi polea (¡siempre la llevo!), que había colgado del puño de Paco, y me colgué con mi croll del otro lado del contrapeso. Yo seguía asegurado con mi descensor en mi cuerda de progresión. Lo siguiente fue contrapesarle: empujar de él hacia arriba mientras yo bajaba. Una especie de ascensor, que hizo que su croll dejase de estar tenso, con lo cual se lo pude abrir y él mismo lo colocó en su cuerda por encima del fraccionamiento. Desmontamos el sistema, le devolví su puño, y pudo subir, aunque muy despacio, porque se había agotado.

Lo siento, no era el momento de hacer fotos, así que no os lo puedo ilustrar. Pero cuando queráis os lo explico a quien no visualice la maniobra.

Al llegar arriba César le comentó que probablemente le había dado un bajón de glucosa. Hay que tener mucho cuidado con esto, compis. Hay una creencia que dice que se deben tomar azúcares de asimilación rápida para hacer deporte, para que nos den energía enseguida durante la actividad. Pero a veces, y dependiendo del metabolismo de cada uno y de lo que hayamos comido, puede tener un efecto rebote (se llama hipoglucemia reactiva), que nos lleva a tener un bajón de glucosa al cabo de un rato y dejarnos KO. César y yo habíamos decidido no comer nada antes de entrar en la cueva. Los demás picaron algo, y también abajo, antes de empezar a subir. Además Paco había llevado su bota y nos pegamos unos buenos tragos de clarete, rico, rico… Y ya veis: a cada uno le afectó de una manera. Parece que a Paco no le sentó bien.

Eran las 19:40 cuando salió Javi por la boca desinstalando. Todos bien, afortunadamente, aunque Paco tardó en reponerse un buen rato. Bueno… ¡hasta que nos fuimos a tomar unos pinchos y unas cañas al Hogar de San Leonardo! Cuando nos quisimos dar cuenta, Paco se había adelantado y nos había invitado. ¡Gracias! A partir de ahí, regreso a Palencia. César y yo, que íbamos delante, fuimos charlando todo el rato. Los demás… sólo les faltó roncar, jejeje.

Teníamos un compañero en Alcotán hace años (Rafa) que siempre me decía que sólo iba de cuevas con alguien que supiera que le podría sacar de cualquier situación que se diese. Fijaros qué fácil ha sido resolver una situación como la que se nos dio. Era algo sencillo de arreglar teniendo un mínimo de conocimientos. Incluso habríamos podido utilizar otros recursos, porque por ejemplo podríamos haberle poleado desde la cabecera. Afortunadamente llevábamos cuerda de más, lo que me permitió bajar hasta él, porque como la cuerda estaba tensa me habría sido complicado bajar de otro modo.

En definitiva, se trata de tener recursos para asistir a un compañero en dificultades. Y estas cosas se aprenden en los cursos y leyendo manuales. Así que a todos, pero sobre todo a los que lleváis menos tiempo, os recomiendo los cursos de la federación, porque ahí tenéis la posibilidad de aprender técnicas de autosocorro y de movimiento de cargas que resultan muy sencillas y con las que, llevando nuestro material de progresión, una polea, un trozo de cordino y un par de mosquetones de más, podemos echar una mano a un compañero que haya tenido un problema en la cuerda.

Todo quedó en un susto, afortunadamente. Así que muchos ánimos a Paco, y espero que esto no le desmotive a seguir saliendo, sino todo lo contrario: a seguir aprendiendo.

¡Nos vemos en la siguiente!

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