Me llama Toño para decirme que una productora de video que hace reportajes sobre naturaleza y aventura le ha contactado para grabar la primera nevada del año en la cordillera Cantábrica. Así que nos preparamos para una ruta disfrutona por el valle de Redondos.

Sabíamos que había nevado entre semana pero que ya se había ido mucha. De hecho, Toño me mandó una foto el viernes en la que ya no se venía nada de nieve en los pueblos. Le pregunté si sería bueno llevar raquetas o esquíes y me dijo que no. Tremendo error.

Al poco de salir del pueblo empezamos a ver nieve por todos los lados. El día estaba precioso, con sol y mucho viento por las cumbres, lo que hacía que las nubes circulasen a mucha velocidad, pero sin molestar en el valle. Cuando cruzamos el río para acercarnos al Ribero Pintado ya nos estábamos metiendo en una cuarta de espesor de nieve, y en ese momento empecé a echar en falta las raquetas. Si aquí había, arriba habría todavía más. Pero bueno, de momento no nos hundíamos. Era pronto y aunque hacía sol, la temperatura rondaba los cero grados.

El bosque nevado estaba precioso en las cercanías de la boca de la cueva

La ruta que había diseñado Toño pasaba primero por el Ribero Pintado, un punto de interés geológico en el que se aprecian unos plegamientos de lutitas que toman unos colores espectaculares… cuando no están cubiertas por la nieve, claro. Grabamos un rato, a pesar de no poder verse esa explosión de colores, y seguimos cuesta arriba, grabando con el dron que traía Toni.

Enseguida nos damos cuenta que estamos subiendo por un valle diferente al planeado, y por el que no había camino. Así que nos tuvimos que dar la vuelta, porque la progresión entre las escobas nevadas se había casi imposible. Ya nos metíamos casi hasta la cintura en la nieve, que estaba muy polvo. Bajamos al valle y retomamos el camino de subida hacia la cueva por otro camino, que atravesaba zonas de robles y hayas. Una explosión de colores, que junto con la nieve y el sol de ese día, conformaban un paisaje espectacular.

Vista del Valdecebollas al atardecer, bajando de la cueva del Cobre
El Valdecebollas soleado al atardecer, desde el camino de bajada

 

Bajando por el sendero del valle de Redondos

Llegamos a la boca de la Cueva del Cobre, tomamos unas imágenes dentro y fuera, explicando el origen de su nombre y la geología de la zona, y regresamos al coche. Al haber tenido que variar la ruta prevista llegamos ya casi anocheciendo. Un día bien aprovechado. Hacía mucho que no subía hasta esa cueva, y me quedaron ganas de visitarla entera otra vez. Se puede hacer una travesía, porque hace unos años la gente del GE Geológicas de Madrid consiguieron conectar la boca de una mina que existe más arriba con las galerías finales de la cueva. En total, unos 10 km de desarrollo de la cavidad (no de la travesía). Por lo que me han contado, los primeros tramos de la travesía se hacen penosos, con muchísimas gateras muy estrechas. Así que ya os digo que de momento no contéis conmigo para hacerla. Pero visitar la cueva, cuando queráis. ¿Le ponemos fecha?