Este finde había venido Millán desde Francia, y me llamó para ir a hacer alguna cueva por el norte de Palencia. Poco nos hizo falta para decidir que el objetivo sería la cueva del Neredo, en Lores.

Es una cueva de algo más de 1,3 Km, conocida desde hace mucho tiempo (ya aparecía en el famoso libro «La espeleología en Palencia») y de la que no se han vuelto a tener noticias de revisión de exploraciones, ni siquiera por parte de los compañeros del club de Geológicas de Madrid, que como sabéis han estado desde hace años pateando por la zona. Y Millán tiene la convicción de que aún quedan varias incógnitas por desvelar. Ha entrado varias veces y hay cosas en la cueva que no están en la topo… ¡de los años 70!

Topografía de la cueva del Neredo que aparece en el libro «La espeleología en Palencia»

Así que nos dirigimos a Lores con un poco de material de exploración. Sabemos que hay dos pocitos pequeños, que comunican las galerías fósiles con la galería activa, por donde sale un pequeño río a la calle, y por la que no siempre se puede transitar, debido a sus pequeñas dimensiones.

La cueva nos tiene constantemente en una gymkana. Sube y baja de un piso a otro, entre bloques y formaciones, chimeneas, laminadores y tubos de presión. Geológicamente es una maravilla, porque se ven en todos los lados golpes de gubia, pendants, marcas de erosión, capas de sedimentos… Si os gusta la geología es simplemente genial. Y por otra parte la galería fósil está cargada de formaciones. En algunas zonas el suelo es totalmente blanco y lleno de gours con pequeños cristales de cuarcita, que da pena pisar. Pero no queda otra.

Pendants (también conocidos como «lapiaz de techo») en una de las galerías de la zona intermedia de la cueva

Progresamos como mejor pudimos, buscando la instalación de los pozos. Cuando llegamos al primero, en el que Millán tenía depositadas muchas esperanzas de continuar por el tramo de enfrente de la galería superior, que queda colgada completamente, nos dimos cuenta que había un cordinito. ¡Alguien se nos había adelantado! Nuestro gozo en un pozo (y nunca mejor dicho…)

Bajamos al río y vemos dónde está puesto el cordino. Alucinante: era casi una cuerda de tendedero, metida por una fisura cargadita de barro. Millán, al que le podía la curiosidad, se planteó subir «asegurado» a ese cordino (no pasaría de los 4mm, seguro). Le costó un buen rato de escalada artificial. Menos mal que habíamos llevado el taladro. Era una fisura buena, pero tan llena de barro que se hacía muy inestable. En cuanto llegó arriba se dio cuenta que lo que tenía delante era simplemente un tramo de galería superior que no conectaba con nada, porque estaba interrumpida por las zonas en las que conectaban los distintos pisos, sin opciones de continuación hacia otras zonas.

El piso superior está cargado de formaciones. A ésta en el libro de Vacceos la llamaron «el caballo»

A partir de ahí nos tocó subir definitivamente al piso fósil, en busca del siguiente pozo y posibles galerías sin reflejar en la topo. Las había, desde luego. Especialmente una escalada final por una diaclasa de más de 15 m. de alto de donde decidió bajarse porque ya subía demasiado. ¡Habrá que explorarla instalándola!

Progresando por el piso fósil

Al lado está el segundo pozo, pero curiosamente no había signos de instalación por ningún lado. Pensamos que quizá habrían bajado montando un natural, o cortocircuitando por la galería inferior. Pero no nos pusimos a buscar porque ya se nos hacía un poco tarde, y decidimos dejar alguna incógnita para otro día.

Los fósiles aparecen en algunas zonas de la cueva

Así que salimos, buscando pasar por galerías diferentes para ir conociéndolas todas. Es fácil, porque en muchos sitios se puede progresar tanto por el río como por la galería fósil. Decidimos, estando ya cerca de la boca, meternos por un laminador bastante incómodo, de unos 25 m. de largo, y llenito de piedras. ¡Ay, mis rodillas! Millán, que ya se lo sabía, llevaba unas rodilleras de esas potentes… ¡de a 50 pavos! (¡ya pueden ser buenas, ya!). Yo salí de allí diciendo que para la próxima, no sólo  rodilleras sino también coderas. Cuesten lo que cuesten. Todavía me duelen las rodillas de los dichosos cantos rodados del laminador.

Progresando por el laminador pedregoso

De ahí a la calle, un momento nada más. Un par de bloques, una galería de entrada en la que hay que ponerse a cuatro patas, pasando por un murete donde en su día la gente del pueblo pusieron una puertecita, que ahora está tirada por allí dentro.

La cueva lleva la misma dirección que el valle, aunque discurre por una ladera rocosa. 945 metros de distancia lineal desde la boca hasta el último punto topografiado

He hecho una superposición (muy aproximada) del recorrido de la cueva con la ortofoto de la zona. Se ven cosas muy interesantes, como por ejemplo que la zona donde está la escalada que hizo Millán, que podéis identificar en la topo como un zigzag muy marcado a partir del cual las galerías ya se hacen mucho más estrechas, coincide con una pared que hay en el exterior, probablemente una falla. Tiene todo el sentido. Quizá podamos patear por encima para ver si se encuentra alguna conexión, porque en la base de esa chimenea soplaba viento. No muy fuerte, pero se notaba claramente el frescor. Y por otra parte nos resultó muy extraño encontrar restos de mosquitos muertos en gran cantidad, por todo el recorrido de la cueva.

Quedan muchas incógnitas. Quizá hasta topografiarla entera, porque la topo parece un tanto rústica, no tiene un buen grado de detalle, y le falta un perfil longitudinal y unas secciones más claras, que ayuden a situarse en los distintos pisos con más facilidad. Así que ahí tenemos tajo si os apetece. ¿Para cuándo?

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