Nos gusta la aventura. Nos gusta salir al monte, las cuevas, los barrancos, el esquí, los corredores, las rutas en bici… Es divertido, nos mantiene en contacto con la naturaleza, nos pone las pilas, nos hace compartir situaciones muy especiales y nos llena de experiencias inigualables, difíciles de explicar para las personas que no andan en estos jaleos. Es genial, se mire por donde se mire. Pero no siempre somos conscientes de que existen ciertas situaciones que, aunque poco probables, se pueden llegar a dar, y que deberíamos saber solventar o al menos contribuir a que no se agraven.

No nos gusta pensar en que nos vaya a pasar algo en una salida. La realidad nos dice que en la espeleo se dan muy pocos accidentes, y gran parte de esa estadística viene dada por la formación que se ofrece a las personas que se acercan a este mundo, casi siempre a través de un club. Pero a  veces ocurren cosas que nos complican, y en las que el saber reaccionar a tiempo supone la diferencia entre salir airoso o sufrir un accidente serio.

Estamos en un medio que no es el nuestro: oscuridad, humedad, frío… Y además, a veces, colgados de un arnés, del que si no somos capaces de salir, nos puede provocar una patología conocida como el síndrome del arnés, que nos puede ocasionar incluso la muerte.

Así que debemos estar preparados para intervenir cuando una situación se tuerce. En una cueva pueden ocurrir muchas cosas: desde pérdidas, crecidas, agotamiento, rotura, fallo u olvido de material, caídas de piedras, resbalones, atascos en pasos estrechos, traumatismos… y por supuesto, incidentes en la cuerda, de todo tipo.

Normalmente hacemos una diferencia entre accidente e incidente, y esto tiene que ver con la gravedad de la situación. El incidente queda en algo leve, sin mayor trascendencia. El accidente tiene consecuencias graves.

Esta distinción en la montaña es relativamente fácil de hacer. Sin embargo en las cuevas hay un factor más, y es la profundidad. En montaña, a veces con llamar al helicóptero se resuelve la situación, con independencia de la gravedad del herido. En espeleo, si el incidente, por leve que sea, se ha producido en un punto profundo de la cueva, alejado de la boca o de difícil acceso, puede complicar enormemente el rescate, puesto que equipar toda la cavidad para extraer al compañero en problemas (aunque sólo sea un esguince que no le permita caminar) puede llevar incluso varios días.

Monográfico de autosocorros de la Escuela de espeleo de CyL. Escuela Castilla, Palencia. 2011

Normalmente en las actividades de montaña quien más y quien menos lleva un botiquín, una manta de supervivencia, incluso una bengala, un silbato, una navaja o algunos accesorios que nos pueden ayudar en caso de un rescate. Es perfecto. Lo llevamos en la mochila y esperamos no tener que utilizarlo nunca, aunque nos da la tranquilidad de que si ocurre algo, tendremos recursos para al menos evitar que empeoren las circunstancias. Tener la capacidad de sacar a un compañero de un paso comprometido, de ayudarle, abrigarle, avisar al 112 y mientras tanto no morirnos de frío… Cuestiones básicas, para las que por otra parte en algunos casos es necesario tener unos conocimientos mínimos, como en primeros auxilios.

Recuerdo que cuando trabajaba en la Roca, en casi todos los cursos que tenían que ver con temas de montaña venía Tente a hablarnos del funcionamiento del 112, de cómo actuar en caso de emergencia, cómo llamar al helicóptero y unas pautas básicas de autoprotección. Hasta ese tipo de detalles son importantes, puesto que en algunos casos no es suficiente con aplicar el sentido común.

Cuando estamos trabajando con cuerdas, además hay que tener una serie de conocimientos para asistir a un compañero en dificultades y por lo menos descolgarle hasta el suelo a la espera de que venga el grupo de rescate, o simplemente «desfacer el entuerto». Y en esto hay dos niveles de intervención: el autosocorro y el espeleosocorro. Y son muy diferentes.

  • Un espeleosocorro consiste en el despliegue de medios para extraer a un espeleólogo accidentado de una cavidad. En él se emplean muchas personas, camilla y una gran cantidad de medios materiales, puesto que hay que dejar instalado un sistema de recuperación en cada pozo, rampa o meandro del recorrido, asistido cada uno de ellos por un equipo de varios socorristas. Algo pesado, largo y que en muchos casos se hace complicado técnicamente (imaginaros cómo pasa una camilla por una estrechez, por ejemplo). Es la parte más técnica de la espeleo (aparte del espeleobuceo, que es algo totalmente diferente). Requiere muchos conocimientos, mucha práctica y mucha coordinación entre todos los componentes del equipo. Hace años la llevaban a cabo los propios espeleólogos, ya que cada federación territorial tenía su grupo de rescate. De unos años a esta parte, lo realizan los GREIM y los servicios de emergencias (112) de cada comunidad autónoma, además de la Unidad Militar de Emergencias. Es una infraestructura que un club no se puede costear, algo que no podemos poner en marcha en una salida normal. Un rescate en toda regla, que llevan a cabo profesionales del tema.
  • Un autosocorro sin embargo es aquella intervención que se realiza con nuestros propios medios, independientemente de la gravedad de la situación. Hay muchas pequeñas maniobras que se pueden realizar para asistir a un compañero colgado de una cuerda, dependiendo de las circunstancias. No es lo mismo tenerlo por encima de nosotros que por debajo, que esté colgado del descensor o de los bloqueadores, por ejemplo. Pero siempre hay una maniobra adaptada a cada situación. Lo importante en estos casos es ser capaces de bajaro de la cuerda cuanto antes, para evitar el síndrome del arnés. Para que os hagáis una idea, con un poco de entrenamiento, una maniobra conocida como el «croll contra croll« se llega a realizar en menos de 5 minutos. Y para hacerla no es necesario más que nuestro equipo, lo que llevamos encima. Se trata de agilizar, de hacer las cosas lo más simples, rápidas y efectivas al mismo tiempo. A veces con este tipo de intervenciones se soluciona el problema, y otras sólo tiene como objetivo sacar al compañero de la cuerda y dejarle a ras de suelo, en un lugar protegido, a la espera del equipo de rescate.

A veces la situación es simplemente una pequeña complicación técnica, que si no sabemos resolver se puede convertir en un verdadero accidente, y que sin embargo con algunos conocimientos sencillos se puede sacar adelante con facilidad.

Improvisar, adaptarse al medio y vencer

Cuando se aprenden técnicas de espeleosocorro o de autosocorro, nuestra mente empieza a procesar distintas maneras de contemplar la gran variedad de maniobras que se pueden realizar con los aparatos que utilizamos para progresar por cuerda. De repente nos damos cuenta de cómo es mucho más fácil de lo que pensábamos sacar a un compañero de una dificultad, resolver cualquier problema, y hacerlo con rapidez, seguridad y limpieza. Es sorprendente para mí observar cómo funcionan algunas maniobras, algunos montajes de cuerda que nos facilitan de una manera extraordinaria este tipo de actuaciones: contrapesos de varios tipos, polipastos, polifrenos… tantas y tantas cosas. Y cuando los tenemos, nos da sensación de seguridad.

Recuerdo que un antiguo compañero de Alcotán, hablando de estas cosas, me contaba su forma de verlo. Decía que lo importante era «improvisar, adaptarse al medio y vencer». Con eso resumía un concepto que tenía que ver con el ser capaz de tener una cantidad de recursos tal que no necesites realizar una maniobra perfecta, siguiendo los pasos del libro, sino que se pudiese poner en práctica adaptándose a la situación que nos encontremos, siendo fácil y efectiva. Desde entonces he procurado siempre aprender más y más técnica. Y no tanto porque me sedujese el mundo del socorro, sino porque el tener recursos técnicos significaba para mí tener la tranquilidad de poder salir de cualquier apuro.

Siempre os animo a que hagáis los cursos de la federación, o que en su defecto organicemos algún monográfico en el club para aprender más técnica. Lo que ha ocurrido este finde en Río Lobos ha sido una pequeña anécdota. Ha quedado en un susto y se ha resuelto con mucha facilidad. Al final la consecuencia más gravosa fue que Paco nos invitase a los pinchos y las cañas, aparte de un pequeño retraso en la salida de la cueva.

Ahora imaginaros en una situación similar. Muchos de vosotros ya tenéis bastante experiencia en progresión e instalación. Algunos habéis hecho incluso los cursos de la federación, pero hace un tiempo. ¿Qué habríais hecho en una situación como la que nos encontramos el otro día?

A veces siento que me pongo un poco pesado con el tema de entrenar, de hacer prácticas. Supongo que ahora entenderéis que por muchos metros que llevemos de pozos en nuestras piernas, hay maniobras que de no practicarlas, se olvidan con facilidad. Y los entrenamientos y cursos están también para eso, para refrescarnos la memoria y que no se nos olviden ciertas maniobras que, como no tenemos que hacerlas en las salidas con frecuencia (afortunadamente), se van quedando en el cajón de los recuerdos, o cuando menos perdiendo soltura con ellas.

No pequemos de exceso de confianza. Siempre pueden pasar cosas, incluso en las salidas más aparentemente sencillas, y tenemos que estar preparados para solucionarlas. Sin miedo, sin bloquearnos, con tranquilidad y soltura, con total eficacia y con la convicción de que podemos resolver sin ponernos a nosotros ni a nuestros compañeros en peligro.

¿Entrenamos?